Juana I de Castilla Primera parte  

Posted by: Gema in , , , , ,


La vida de una reina de Castilla, de quien dicen que de tal solo tuvo el nombre, pues habiendo perdido el juicio por mal de amores, ciñó corona pero no gobernó.

El pueblo la tituló Doña Juana, la loca de amor, y en eso doy fe no acertó el saber popular, doña Juana la Loca fue en extremo desgraciada en este mundo.

Estaba llamada a ser hija de los Reyes Católicos, fue educada con tal esmero que no sin justicia se dijo que era la princesa mas instruida del Renacimiento, destacaba en artes musicales, tocaba el laúd y trenzaba pasos de baile, pero por encima de todo destacaba por su hermosura, que apenas podía disimular la severidad en el vestir que impuso la reina Isabel.

Los reyes Católicos tuvieron 4 hijas mas un hijo varón. Las hijas fueron muy hermosas, sobre todo destacaba Juana y después Catalina. De ahí la primera injusticia que cometa la historia con esta desgraciada reina sea titular a su esposo como Felipe el Hermoso cuando la verdaderamente hermosa fue ella.

Los Reyes Católicos, deseosos de conseguir para Europa el fruto ya logrado en España, comenzaron a concertar matrimonios con los que soñaban obtener la unidad de los principales príncipes cristianos.

Al único hijo varón, heredero de las coronas de Aragón y Castilla, se apresuraron a desposarlo a la temprana edad de 18 años con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano, y casarse y morirse para el fue todo uno.

El príncipe Juan cumplió lo que se esperaba de el logrando dejar en estado a Margarita, pero falleció a los pocos días de unas fiebres muy súbitas.

La Reina Católica quedo sumida en el mas profundo dolor ante la perdida de su único hijo varón, con el único consuelo de de el hijo de Margarita, pero ese consuelo le duro poco ya que a los tres meses esta sufría un aborto de un feto varón.

Fallecido Juan, la corona recaía sobre su hermana Isabel, casada con el rey Manuel de Portugal, esta princesa ya había estado casada anteriormente con Alfonso de Portugal, tan enamorada que, cuando este murió, decidió tomar los hábitos, pero su madre no se lo permitió.

Caso por tanto con Manuel por las mismas fechas que moría su hermano Juan, y en su momento la reina católica recibió la nueva de que Isabel estaba embarazada.

Isabel dio a luz el 24 de Agosto de 1498 a un varón, al que bautizaron como Miguel, pero falleciendo ella el mismo día a causa de un mal parto.

El 20 de julio de 1500, sin haber cumplido aun los dos años fallecía el príncipe Miguel en la cuidad de Granada.

Así se arruinaron sus esperanzas de proyectar un imperio desde la península ibérica y se dio paso a la dinastía de los Habsburgo en la persona de doña Juana, casada en 1496 con el archiduque de Borgoña Felipe el Hermoso.

Para el traslado de Juana a Flandes la reina católica, pese a su austero sentido de la vida, armó la expedición naval mas fastuosa de la historia, previsto inicialmente que se compondría de 12 barcos, al final fueron 22. Solo el servicio de la princesa Juana lo componían 4160 personas.

La noche anterior a la salida la reina católica se paso un día entero dándole consejos y ánimos a su hija.

En la noche del 21 al 22 de agosto se levanto un viento favorable y el almirante de la armada, el famoso marino Sancho de Bazán, dio orden de levar anclas. Durante la primera semana, el viaje fue muy placido, hasta que al noveno día una tormenta obligo a la armada a entrar en el puerto ingles de Portsmouth el 31 de agosto.

Tan alabaron al monarca ingles Enrique VII los encantos de la princesa española que según nos cuenta Edmond Blot (un cronista de la época) se las ingenio para poder verla de manera oculta, pues el protocolo no permitía que un rey saliera al encuentro de una princesa que no media razones de estado.

Enrique quedo tan prendado de ella que siendo ambos viudos, y pese a que ella ya traía fama de estar loca la pidió un matrimonio a su padre, quien no quiso dársela por razones que ya veremos.

Por fin llegaron a Flandes, la recepción de la corte flamenca fue muy calida, aunque su prometido Felipe el Hermosos no pudo recibirla porque se encontraba en Lindau, a orillas del lago Constanza.


Continuara..

Scarlett O'Hara Ana Bolena - Shut up and let me go - Video  

Posted by: Gema in , , , , , ,

video

Las joyas compartidas de Maria Antonieta y Sissi  

Posted by: Gema in , , , , , ,


En agosto de 2008, la prensa escrita y televisiva austríaca anunciaban la recuperación de la "Star Sissi" de diamantes que antaño perteneció a la más famosa de las emperatrices del siglo XIX: Elisabeth zu Bayern, Kaiserin von Oesterreich (Elisabeth en Baviera, Emperatriz de Austria), consorte del kaiser Francisco-José I, penúltimo soberano del Imperio Austro-Húngaro, que vivió entre 1837 y 1898.

Robada en 1998, en el curso de la exposición consagrada al centenario del asesinato de Elisabeth Amelia Eugenia von Wittelsbach, Duquesa en Baviera, más conocida bajo el apodo familiar de Sissi, la estrella ha sido finalmente restituida al Estado Austríaco por el gobierno de Canadá, dónde finalizó recientemente el juicio contra el ladrón de 35 años de edad.

Pese a que las estrellas de diamantes (que conforman una diadema si se desea o como broches por separado) fueron en su día puestas tras un cristal blindado, el ladrón canadiense consiguió dar el cambiazo reemplazando una de las joyas por una imitación. Un agente de seguridad se percató accidentalmente del subterfugio.

La estrella de Sissi no fue encontrada hasta un año después, gracias a las investigaciones llevadas a cabo en Canadá, a partir del robo cometido en un banco canadiense. De este modo, y por un casual, la policía descubrió el paradero de la "Star Sissi" en Winnipeg (en la provincia canadiense de Manitoba), en el domicilio de la abuela de uno de los sospechosos.

La emperatriz Elisabeth de Austria poseía una hermosa y admirada cabellera que decoraba a menudo, para las grandes ocasiones, con diademas y joyas que han sido inmortalizadas en sus retratos, cual catálogo de alhajas imperiales de la época. Un buen ejemplo es el retrato de Sissi con su diadema, gargantilla y broche de diamantes y rubíes, realizado por el artista Georg Raab en 1875. Y resulta curioso comprobar la trayectoria de dichas alhajas: habían pertenecido nada menos que a la reina Maria-Antonieta de Francia, que se los dejó en herencia a su hija mayor Madame Royale (la Princesa Maria-Teresa Carlota de Francia), posteriormente casada con el primogénito de su tío el conde de Artois (el rey Carlos X), Luis XIX de Francia, duque de Angulema y delfín de Francia, que reinó cinco minutos antes de abdicar. Al morir en el exilio, la duquesa de Angulema lo legó a sus parientes Habsburgo-Lorena. De ahí que pasaran a formar parte del joyero de la emperatriz Elisabeth de Austria.

Fuentes:

-Retratos de la historia

- Wordpress

Proximamente:

- Anastasia

-Hypatia de Alejandria

Anastasia, la última hija del Zar -9-  

Posted by: Gema in




Entre los revolucionarios de uno y otro extremo se reconoció la necesidad de crear un núcleo centralizador del movimiento de las masas, proponiéndose la creación de un Soviet. Antes de que anocheciese, la Duma y el Soviet se habían reunido en las dos alas del Palacio de Táuride, aquella vasta residencia que en otros tiempos la emperatriz Catalina II "la Grande" había regalado a su amante el Príncipe Grigori Potemkin. A los dos días, el 14 de marzo de 1917, Nicolás II abdicó la corona en su tren privado.

Rodzianko, ex-presidente de la Duma, contactó con el general Alexeiev, en los cuarteles generales del frente, para que éste sondease la opinión de los generales que ejercían mando en los distintos frentes. El veredicto de los generales fue unánime: la única esperanza de salvar la dinastía y continuar la guerra era que Nicolás II abdicase voluntariamente.

Al principio, el zar cedió la corona a su hijo Alexis; pero cuando se le indicó que ese gesto implicaba separar al zarevich de sus padres, Nicolás II reclamó otra hoja de papel para abdicar formalmente en su hermano el gran duque Miguel "Misha", que iba a convertirse en el nuevo zar Miguel IV de Rusia.

Aleksandr Fyodorovich KERENSKY (1881-1970). Nacido en Simbirsk (actual Ulianovsk desde 1924), misma localidad de la cual era natural Vladimir Ilich Ulianov alias Lenin, era hijo de un director de escuela que acabó dando clases en la Universidad Estatal de Kazan; clases en las que Lenin acudió. Aleksandr Kerensky obtuvo su diplomatura en derecho en la Universidad de San Petersburgo en 1904. Pronto mostró sus simpatías políticas al defender frecuentemente a revolucionarios anti-zaristas. Elegido diputado en la cuarta Duma de 1912, como miembro del partido de los Trudoviks (partido obrero moderado), fue un orador brillante y un hábil político que se convirtió prontamente en un miembro del Gobierno Provisional de la Duma, en calidad de socialista revolucionario y jefe de la oposición socialista al régimen de Nicolás II.
Cuando la revolución de febrero estalló en 1917, Kerensky fue uno de los cabecillas más visibles y elegido vice-presidente del Soviet de Petrogrado. Ministro de Justicia y luego de la Guerra en mayo, y finalmente Primer Ministro en julio, sucediendo así al Príncipe Georgy Lvov. Tras el fallido golpe del general zarista Kornilov en agosto, y la dimisión de los ministros, se autonombró comandante en jefe supremo.
El problema esencial de Kerensky en su puesto era que Rusia estaba agotada tras tres años de conflicto, y que el pueblo no deseaba otra cosa que la paz con Alemania. Lénin y su partido Bolchevique prometía al pueblo "pan, paz y tierra" bajo un régimen comunista, y el ejército se desintegraba, los campesinos y los obreros desertaban. La debacle era general. Pero Kerensky y otros cabecillas políticos se sentían moralmente obligados por sus compromisos con sus aliados, a seguir en pie de guerra. Su rechazo a retirar Rusia del conflicto mundial provocó su caída.
Durante el golpe del General Kornilov, Kerensky había distribuido armas a los trabajadores de Petrogrado. A principios de octubre, la mayoría de esas milicias constituidas se habían unido a los bolcheviques. Lénin estaba decidido a derrocar el Gobierno de Kerensky antes de que pudiese legitimarse por las elecciones generales previstas de la asamblea constituyente. El 7 de noviembre, organizó la primera toma de poder por una clase oprimida.
Kerensky escapó de los bolcheviques y se refugió en Pskov, dónde reunió a tropas leales para intentar retomar la capital. Su ejército tomó Tsarskoie Selo pero fue derrotada al día siguiente en Pulkovo. Kerensky vivió las siguientes semanas en la clandestinidad hasta que consiguió partir para el exilio en Francia. Durante la guerra civil rusa, no sostuvo ninguna facción, oponiéndose tanto al régimen bolchevique como al Ejército Blanco reaccionario que intentó restaurar la monarquía zarista.
Kerensky vivió en París hasta 1940, siempre activo en las querellas de los cabecillas rusos en el extranjero. Cuando los alemanes invadieron Francia, escapó a los EE.UU. Cuando los nazis atacaron la Unión Soviética, ofreció su ayuda a Stalin, pero éste nunca le respondió. Hizo emisiones radiofónicas para animar a los soviéticos en tan penosos momentos. Tras el conflicto, organizó un grupo llamado "La Unión para la Liberación de Rusia", que no dió los frutos esperados.
Kerensky se instaló en Nueva York, pero pasó la mayoría de su tiempo en el Instituto Hoover de la Universidad Stanford, en California, dónde impartió clases. Contribuyó enormemente al engrosamiento de los archivos sobre la Historia Rusa y publicó varios libros antes de fallecer en 1970, en Nueva York.

Cuando Kerensky se enteró de que Rusia seguía teniendo un zar, quedó aterrado. Puesto que Kerensky no era tan solo el Ministro de Justicia sino también el vicepresidente del Soviet, venía a ser una figura clave en el escenario del momento. El gran duque Miguel se trasladó de Gatchina a Petrogrado y fue directamente a una casa en la que se hallaba reunido el nuevo gobierno provisional. Allí, Kerensky le informó que si se comunicaba al Soviet la noticia de su subida al trono, él no podía garantizarle su seguridad. Efectivamente, lo que pudo haber sido posible un mes atrás, había sido barrido por el ardor revolucionario; la abdicación de Nicolás II llegaba demasiado tarde y el traspaso del poder imperial a su hermano parecía ya inviable. Tras una breve discusión de los por y contras, el zar Miguel IV firmó precipitadamente una declaración mecanografiada en la que anunciaba su abdicación momentánea y con reservas. El régimen de los Romanov, de momento, había tocado a su fin.

El Via Crucis y Asesinato de la Familia Imperial

Los dieciséis meses que siguieron al derrocamiento de la monarquía mostraron a un Nicolás y a una Alexandra nuevos y llenos de dignidad e hidalguía. Estos soberanos derrocados, dignos de compasión, estos autócratas trágicos y equivocados, que no eran conscientes ni por asomo de las impetuosas corrientes que se arremolinaban en torno a ellos, soportaron la prueba y la humillación a que fueron sometidos con dignidad y valor tan extraordinarios, que haría falta tener un corazón de hielo para dejar de admirarlo. El amor que se profesaban, su indiscutible e inquebrantable fe en Dios, les prestaba una nobleza que aún sigue resplandeciendo a través de la bruma del tiempo. Aquel monarca vacilante se convirtió en un hombre lleno de fortaleza moral en la adversidad; aquella emperatriz severa e inflexible, en una mujer compasiva.

Aunque la Familia Imperial se hallaba bajo arresto domiciliario en su residencia de Tsarskoie Selo, el Palacio Aleksandr, por disposición de Kerensky, al principio se les trató cortésmente permitiéndoles llevar una vida sin molestias aunque fuera limitada. Pero su situación se empeoró cuando los extremistas comenzaron a regresar a Rusia: primero fue Trotski y luego Lenin. En julio de 1917, un levantamiento bolchevique, que fue reprimido rápidamente por Kerensky, indujo a éste a trasladar la Familia Imperial a la ciudad de Tobolsk, en Siberia, con la idea de que estuvieran a salvo de la sed de revancha de sus enemigos. Temía, ciertamente, que la seguridad de los Romanov peligraba cuanto más cerca se encontraba de Petrogrado...

Nicolás y su familia, trasladados a Tobolsk, vivieron en retiro rigurosamente custodiados y con ciertas comodidades al ocupar la antigua residencia del ex-gobernador de la ciudad. Todavía conservaban a algunos criados y se les permitía escribir cartas al mundo exterior, como prueban las correspondencias entre Tobolsk y Crimea. Pero cuando, en noviembre de 1917, cayó el Gobierno Provisional de Kerensky y los bolcheviques se hicieron con el poder mediante la fuerza, el escenario cambió radicalmente. En un último intento de salvar a los últimos zares, los guardianes de Tobolsk decidieron trasladarlos a un sitio más seguro pero fueron interceptados por una tropa bolchevique que asumió la custodia de los ilustres prisioneros a punta de pistola.
Los nuevos guardianes, reclutados entre la juventud revolucionaria bolchevique, conducieron a la Familia Imperial a su nueva cárcel de Ekaterinburg, en los Urales. Allí, las condiciones de vida se volvieron duras y humillantes para los prisioneros: malos tratos físicos y psicológicos se sucedieron entre acosos, ofensas e insultos. "Lo extraño del carácter ruso -escribió entonces la emperatriz Alexandra- es que puede de pronto volverse malo, cruel e irracional, y luego cambiar de conducta repentinamente."

Durante los meses de abril y mayo de 1918, la Familia Imperial, acompañada por un médico y tres sirvientes, fue trasladada a la casa Ipatiev, en Ekaterinburg, en la ladera oriental de los Urales. Allí, como se sabe, soportaron todo tipo de insultos e indecencias por parte de sus guardianes. Les quitaron las puertas de los dormitorios y retretes, y se les obligó a vestirse y desnudarse y a realizar sus necesidades más íntimas delante de sus carceleros, que se reían de ellos.

Poco después de la medianoche del 17 de julio de 1918, los guardianes despertaron a Nicolás, a Alexandra, a su hijo Alexis, a sus cuatro hijas, al médico y a los tres sirvientes, y les mandaron que se vistiesen. El Ejército Blanco se estaba aproximando y había que trasladarlos inmediatamente. Fueron conducidos a una pequeña habitación del sótano de la casa, ordenándoles que esperasen allí hasta que llegasen los automóviles. Todo mentira, salvo en el avance del Ejército Blanco. No hubo automóvil alguno. En cambio, un pelotón de la Cheka, provisto de revólveres, penetró en tromba en aquella habitación de desnudas paredes dónde se hacinaban el zar, la zarina, el zarevich, las cuatro gran duquesas, el médico y los tres sirvientes. La voz cantante del pelotón avanzó unos pasos:
-"Vuestros parientes han intentado salvaros. Han fracasado, y ahora debemos fusilaros!"
-"¿Qué...?" preguntó Nicolás.

Y dispararon a bocajarro contra ellos.
El asesinato fue perpetrado por orden personal del nuevo gobernante de Rusia, Vladimir Ilyich Ulianov Lenin.

La Ejecución Sumaria

En la noche del 17 al 18 de julio de 1918, Nicolás II, su esposa, sus 4 hijas e hijo, amén de sus fieles acompañantes, son despertados y llevados al sótano de la casa con un falso pretexto de que van a abandonar el lugar. Allí, y bajo las órdenes de Yurovsky, la Familia Imperial y sus sirvientes (en total 11 personas), son brutalmente tiroteadas por un pelotón de ejecución. Nicolás II, Alexandra Feodorovna, el Dr. Eugene Botkin, el chef Kharitonov y el ayudante de cámara Trupp mueren instantáneamente; no así el zarevich y sus hermanas, y la doncella Demidova, sobre quienes parece que reboten las balas.

Al pequeño zarevich malherido y agonizante, lo rematan con varios disparos a bocajarro en la cabeza; a las grandes duquesas y a la Demidova las atraviesan brutalmente con sus bayonetas repetidas veces hasta darles muerte. Luego los asesinos descubrieron atónitos que aquéllas tenían sus abrigos y ropas interiores repletas de joyas cosidas dentro de los forros, y que les había servido inesperadamente como chalecos antibalas...

Los cuerpos fueron luego apilados en un camión y llevados hasta una vieja mina abandonada. Allí los desvistieron, los rociaron con ácido sulfúrico para desfigurarles, luego con gasolina les prendieron fuego y, de manera incomprensible, sepultaron a nueve de ellos en una fosa común cavada en el camino del bosque colindante a la localidad de Yekaterinburg. Dos otros cadáveres (se ignora si fueron los del zarevich Alexis y de la gran duquesa María o Anastasia) fueron cremados y sepultados en otra fosa... En realidad los dos cuerpos que faltan: los del zarevich Alexis y de su hermana (María o Anastasia?) jamás fueron encontrados y, por tanto, técnicamente, no existe prueba alguna de que hayan muerto.

Un mes después de la masacre, un investigador y juez llamado Nikolai Sokolov, del Ejército Blanco, encontró con sus hombres los restos de dos hogueras con huesos y restos de carne humana y joyas, y consideró que había dado con lo que quedaba de la Familia Imperial y de su servidumbre, tras recoger la suficiente cantidad de testimonios que confirmasen sus sospechas. Otra versión asegura que los cuerpos no fueron encontrados... pero que los testimonios recogidos fueron suficientes para convencer a Sokolov de que la Familia Imperial había sido asesinada por los bolcheviques. No se daría con los restos hasta la década de 1970, y el secreto sería guardado hasta finales del siglo XX.

Fuentes:

- Retratos del siglo XX
- Wikipedia
- Retratos de la Historia