Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.
Paulo Coelho

jueves, 9 de abril de 2009

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Georgiana Cavendish Duquesa de Devonshire



Nacida el 7 de junio de 1757 en Althorp House, Northamptonshire, Lady Georgiana Spencer es hija de Sir John Spencer, 1er Lord Conde Spencer y Vizconde de Althorp, y de Margaret Georgiana Poyntz, Lady Spencer. Su padre, aparte de pertenecer a un viejo linaje ya famoso en el Medievo (los Despencer), es bisnieto del famoso general John Churchill, 1er Duque de Marlborough, el vencedor de la batalla de Blenheim, y nieto de los Condes de Sunderland, que se han ilustrado en distintos altos cargos del Gobierno y del Parlamento. Como todas las hijas de la alta aristocracia, Georgiana pasaría su infancia entre algodones y cuidada como un precioso peón en el ajedrez de las alianzas matrimoniales entre grandes familias de la élite blasonada. Su educación es básica y reúne todos los aspectos necesarios para ser una gran dama, una buena y prolífica madre y una irreprochable, virtuosa y digna consorte. No se le exige nada más, mientras no rebase los límites impuestos.
A sus disposiciones naturales se unía una belleza física sobresaliente y un encanto personal que era reforzado por su notable ingeniosidad, su esprit como solían decir los franceses del siglo XVIII y que tenía gran importancia para todo el mundo, aunque en Inglaterra se conociese mejor como humour.

De su infancia y adolescencia, Georgiana guardaría una pasión incondicional por la literatura, devorando libros siempre y cuando le dejaran tiempo para ello, y por la música, siendo muy diestra acariciando las cuerdas del arpa.

De hecho, las relaciones de los Condes de Spencer con lo más granado de la sociedad y del mundo político londinense, serán un factor importante en la evolución de Lady Georgiana de niña a mujer. El trato con adultos de gran relieve y su primeros pasos en la sociedad mundana y cosmopolita dieciochesca, acabarán por completar su formación y darla a conocer.
Primer retoño nacido del matrimonio de sus padres , Georgiana tuvo por hermanos a George John Johnny Spencer, Lord Althorp (1758-1834) y futuro 2º Conde Spencer, seguido de Lady Henrietta Harriet Frances Spencer (1761-1821) -futura condesa de Bessborough- y de dos niñas más: Lady Charlotte y Lady Louisa Spencer, que fallecerían en la cuna en 1766 y 1769 respectivamente.

Sir John Spencer (1734-1783), 1er Conde Spencer y 1er Vizconde Althorp desde el 1 de noviembre de 1765, por concesión del rey Jorge III, ya había sido agraciado anteriormente con los títulos de 1er Barón Spencer de Althorp y 1er Vizconde Spencer un 3 de abril de 1761 por el mismo monarca. Hijo del Honorable John Spencer (1708-1746), un alcohólico de terroríficas borracheras y de Lady Georgina Carolina Carteret, sufrida hija de Lord Granville, era nieto del 3er Conde de Sunderland y de Lady Anne Churchill, hija del célebre duque de Marlborough y en cuya persona se operó la sucesión ducal al fallecer sin hijos supervivientes su hermana Henrietta, 2ª Duquesa de Marlborough. Sin embargo, el padre de Georgiana pertenecía (por nacimiento) tan solo a una rama menor de tan ilustre y distinguido linaje, ya que su propio padre no era más que el benjamín de los reverenciados condes de Sunderland y, por ley de primogenitura, se vio privado de la herencia paterna a excepción de algunas migajas que le aseguraron una posición bastante honrosa que, a pesar de todo, le relegaba al rango de gentilhombre provinciano y sin más título que su finca de Althorp House y, obviamente su apellido de ilustre y blasonada memoria. Puede que por eso ahogase sus desilusiones en alcohol y diese lugar a una convivencia infernal con sus malas borracheras, sus insultos y sus agresiones.

Es gracias a una carrera política bien apadrinada (y a una coqueta fortuna heredada a sus 11 años, que le proporcionaba una renta de 700 libras) que Lord Spencer pudo militar en el partido Whig y entrar en la Cámara de los Comunes del Parlamento Londinense tras ser elegido diputado de Warwick en 1756 hasta 1761. Su papel de diputado le brindaría la oportunidad de hacer fortuna en el escenario político y social de Londres, haciendose meritorio del favor real y beneficiario del reconocimiento de Jorge III, quien le paga sus servicios con cartas patentes a través de las cuales le aupa en la escala nobiliaria con los títulos de barón, vizconde y conde. Convertido en lord y par de Inglaterra, entra por la puerta grande de la Cámara de los Lores, de sobras acreditado por su experiencia como diputado. En 1772 sería agraciado con el cargo de High Steward de Saint-Albans, para luego convertirse en 1779 en el flamante alcalde de la misma localidad.

Sin embargo, Lord Spencer permanecerá siendo un hombre de carácter un tanto sombrío, taciturno, correcto pero distante, perseguido por el recuerdo de una infancia desgraciada, testigo aterrorizado de los malos hábitos paternos y de las frecuentas peleas conyugales.

Lo que nos sorprende de Lord Spencer, es sobretodo su curioso matrimonio por amor con Margaret Georgiana Poyntz (1737-1814), a la que siempre trataría con cariño. Hija del hidalgo y honorable caballero Stephen Poyntz y de Anna Maria Mordaunt (de los Mordaunt, Condes de Peterborough), la desposa el 20 de diciembre de 1755 en la más estricta privacidad. De hecho, la ceremonia es oficiada en el vestidor de su madre (Lady Cowper)*, en Althorp House, casi en secreto y como si se tratase de una alianza vergonzosa. Y aunque la unión parece carecer de cualquier brillo, la futura condesa Spencer sin fortuna cuenta entre sus oscuros antepasados guerreros a uno que ha dejado una imborrable huella: al fundador de la monarquía anglonormanda, Guillermo I el Conquistador. Y si nos dejamos caer en 1588, una tataratía de Lady Spencer, Elizabeth Poyntz, concedió su mano a un lord: Thomas Butler, vizconde Thurles.
Lady Spencer se muestra extremadamente orgullosa de su primogénita, a la que llama cariñosamente "Gee" y a la que considera como su mayor "obra de arte", incluso después de que nacieran sus demás hijos. De hecho, la condesa considera a su otra hija Harriet feísima y nada agraciada, comparándola a su querida y adorada Georgiana. En cualquier caso, y a diferencia de su marido, Lady Spencer siempre tendrá una relación fluida y próxima con su prole.

Gracias al amor y cuidados prodigados por la madre, Georgiana creció feliz junto con sus hermanos en un ambiente elegante, confortable, poblado de criados, doncellas, ayas, gobernantes y preceptores que se encargaban de su bienestar, formación y educación académica.

Se puede decir, a modo de conclusión previa, que Lady Georgiana Spencer nació fruto del amor de una pareja que se había unido en matrimonio sencillamente porque estaban enamorados, sin que interviniesen otros intereses (linaje, dinero, alianza política, posición social) tan comunes en los demás matrimonios de aquella época. Es un hecho que hace especial el caso de nuestra protagonista, comparándolo al de sus contemporáneos.
Los Spencer solían instalarse en su lujosa mansión londinense de Grosvenor Square, Spencer House, durante la época invernal y mientras durase el curso legislativo. En esos meses de otoño-invierno-primavera, Londres era un hervidero de visitas sociales, eventos públicos y privados, bailes, fiestas en la corte o en casa de amigos, reuniones, banquetes, tardes de té con pastas y animados cotilleos susurrados. Los condes Spencer acudían a esas reuniones sociales de la flor y nata de la aristocracia británica, y no dudaban en recibir a su vez a un gran número de invitados distinguidos. Cualquier pretexto era válido asegurándose asi una distracción contínua.

A finales de la estación primaveral y al clausurarse el Parlamento, la familia se trasladaba a su residencia de Wimbledon Park, a las afueras de Londres, huyendo del aire viciado de la capital y para pasar allí la temporada estival. En otoño, época tradicionalmente dedicada a las grandes cacerías, Lord y Lady Spencer hacían sus maletas y se iban a pasar la temporada en su pabellón de Pytchley, organizando partidas con sus invitados y vecinos. Cuando llegaba el mes de noviembre, y con él los vientos helados que precedían las nevadas, los Spencer volvían a su casa solariega de Northamptonshire, Althorp House, para pasar alli unos meses de sosiego y recogimiento familiar, aunque frecuentemente salpicado de eventos y fiestas importantes.

Lo que hacían los Spencer año tras año, nada tenía de extraordinario. Se limitaban a llevar una vida reglamentada al milímetro, dividida en "temporadas" aquí y allá, que marcaban las pautas a seguir, como hacían los demás aristócratas y sus familias.

8 comentarios:

  1. Ah, mire usted, de modo que Diana era su descendiente? Que interesante.

    Y buenisimo el piropo del basurero!
    Ya ve que hombre tan ingenioso. Seguramente un talento desperdiciado.

    Bisous

    Diana de Méridor

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  2. Tengo ganas de ver la película. Tiene muy buena pinta.
    Desconocía totalmente la apasionada vida de esta mujer y sus ideas políticas, seguramente influenciadas por la Revolución Francesa. Y debía de ser muy bella a juzgar por el retrato (aunque sabemos que los pintores favorecian a sus modelos)
    Saludos

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  3. Por fin una señora que sabia reconocer un buen piropo sin fijarse en quien lo dice y ademas tenia el sarcasmo necesario para refregarselo a toda la empirongotada aristocracia que despues de eso, no queria escuchar sandeces de escaparate.
    Toda una dama...

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  4. pobre saga, la duquesa aguantando a la amante en sucasa y Diana acaba como acaba.La pelicula esta muy bien, y esta mujer es digna de admirar, a veces el cine nos da estos regalos.

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  5. vi la pelicula me parecio muy buena y de hecho eso me motivo a saber mas de la vida de esta duquesa x cierto se podria comparar con la vida de la princesa diana de gales ambas fueron centro de atencion de la sociedad con su belleza y discurso como asi tambien padecieron las consecuencias de un matrimonio infeliz.saludos alejandra

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  6. alucinante lo que tenían que aguantar las mujeres antes, tener a la querida de tu marido en casa y encima siendo tu mejor amiga. El conde debía de ser la caña con tanta mujer a la que tener contenta. la película me gustó mucho pero me dejó un amargo sabor con la hipocresía y la resignación de la época

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  7. Las de esa época y las de esta, ¿es que acaso no le sucedió algo semejante a Diana?
    El tal Carlos resultó un bribón, que triste la vida de las Spéncer, espero que otras no hayan sufrido igual

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  8. estubo encantadora la pelicula. realmente me quede atonita con las imprudencias que se cometian y es de admirarse a mujeres como ella simplemente son una verdadera belleza..
    by: Yadira Duque.. s.l.p.Mex

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