Mathilde de Austria Taschen
La pareja archiducal de Austria-Teschen y sus dos hijas formaban parte del estrecho círculo familiar e íntimo de los emperadores Francisco-José I y Elisabeth en Baviera (Sissí para los íntimos); de hecho, Sissí apreciaba particularmente a su prima Hildegarde, mientras que Alberto era la cabeza de proa del conservadurismo tras haber sido un gran apoyo para la archiduquesa Sofía, madre del emperador. En verano, residían éstos en su castillo de Weilburg, en Baden bei Wein, que el archiduque Alberto había heredado de su madre, mientras que en invierno tenían sus propios aposentos en La Hofburg de Viena.
En 1864, la madre de nuestra protagonista, la archiduquesa Hildegarde, murió de una inflamación pulmonar y de pleuresia, tras haber acudido a los funerales de su hermano el rey Maximiliano II de Baviera.
Por aquella época, ya le pretendía un lejano primo, el archiduque Luis Salvador de Austria-Toscana (1847-1915), que deseaba desposarla. Pero su padre destinaba la mano de su pequeña hija al príncipe de Piamonte -futuro rey Humberto I de Italia-, siguiendo una política que perseguía acabar con las tiranteces existentes entre el Imperio Austro-Húngaro e Italia. Los proyectos de boda, en cualquier caso, no llegaron jamás a concretarse por culpa de un desagradable accidente.
La archiduquesa Mathilde, de entonces 18 años, tenía un pequeño vicio: el tabaco. Desde hacía un tiempo, fumaba a escondidas de su padre cigarrillos que le facilitaban sus doncellas, pese a la terminante prohibición paterna.
El 6 de junio de 1867, se encontraba la archiduquesa Mathilde junto con su padre y el resto de la Familia Imperial en la residencia de la emperatriz Elisabeth, Schloss Hetzendorf, preparándose todos para acudir a una velada teatral en Viena con sus mejores galas. Mathilde se había enfundado en un hermoso vestido vaporoso de gasas, blondas y tules para la ocasión, sobre las que sus doncellas aplicaron previamente una solución de glicerina para mantenerlas rígidas. Mientras esperaba que los demás miembros acabaran de engalanarse, quiso fumarse un último cigarrillo en el balcón aprovechando el momento y antes de que apareciera su severo padre, que no toleraba su tabaquismo. Apenas encendido el pitillo y llevado a la boca, entró de sopetón el archiduque Alberto en su habitación.
En un rápido gesto, Mathilde escondió el cigarrillo tras su cintura, intentando disimular ante su progenitor cuando de pronto empezó a prender por detrás su vestido. Presa de pánico, la pobre archiduquesa arrancó a correr despavorida por toda la estancia, no consiguiendo otra cosa que la de avivar el fuego mientras sus doncellas la perseguían e intentaban en vano apagarlo. En cuestión de segundos, y para mayor horror de su padre y de la familia imperial allí presentes, se convirtió en una antorcha humana y tan solo los criados consiguieron ahogar las llamas tirándola al suelo para enrollarla en una manta. Para cuando quisieron despojarla de las batistas y gasas carbonizadas, se dejaron entrever unas espantosas llagas.
Se intentó, por todos los medios, acallar los desgarradores gritos de dolor de la pobre Mathilde, con casi todo el cuerpo afectado con horribles quemaduras de segundo y tercer grado, pero fue en vano. Un médico sugirió sumergirla en una bañera de aceite para que en él encontrase alivio, y de esta guisa se la transportó sin más dilación de Schloss Hetzendorf hasta el Palacio de La Hofburg, para que recibiera los adecuados cuidados médicos. Allí, acudieron en tromba los mejores galenos de la capital para asistirla; sin embargo, la paciente no pudo resistirlo. Tan grave era el estado de sus quemaduras, que la joven archiduquesa no tardó en morir.
Una muerte similar le iba a ocurrir a una de las hermanas de Sissí, la Duquesa de Alençon, treinta años más tarde.
Sofía Carlota de Wittelsbach, (Sophie Charlotte Augustine Herzogin in Bayern ), (Palacio de Possenhofen, Baviera, 22 de febrero de 1847 - París, 4 de mayo de 1897) fue una princesa bávara perteneciente a la Casa de Wittelsbach por nacimiento y a la Casa de Orleans por matrimonio. Ostentó el tratamiento de Su Alteza Real y el título de duquesa en Baviera al nacer y Princesa de Orleans y duquesa de Alençon tras contraer matrimonio. Fue hermana de Isabel de Baviera, más conocida como Sissí Emperatriz, y de María Sofía de Baviera, Reina de las Dos Sicilias.
Su belleza era semejante a la de su hermana Isabel, la futura Emperatriz de Austria, por lo que hubo numerosos pretendientes a su mano. Pero a ella parecía no gustarle ninguno e incluso se permitió el lujo de rechazar la proposición del archiduque Luis Víctor de Austria, hermano del Emperador Francisco José I
su primo, el príncipe Luis II de Baviera empezó a hacerle la corte, mandándole cartas y enormes ramos de flores e iba a encontrarse con él en su barca. Sofía tocaba el piano y cantaba muy bien, mientras que Luis también era un gran entusiasta de la música, siendo admirador y mecenas del compositor Richard Wagner. Cuando la relación de ambos fue confirmada, se produjo un gran regocijo ante la promesa de un matrimonio feliz y ventajoso para ambos. Aunque todavía Luis se encontraba mentalmente estable, no tardarían en darse las primeras señales del desequilibrio que lo acompañaría toda la vida.
Pasaba el tiempo, pero Luis no se decidía a poner una fecha para el matrimonio ni tenía intención de hacerlo. Desilusionada por la espera, Sofía comenzó una relación idílica con el fotógrafo Edgar Hanfstaengl, citándose secretamente con él con la ayuda de su dama de compañía. En octubre de 1867, Luis escribió una afectuosa carta a su prima en la que rompía el compromiso, aunque sin querer renunciar a la amistad que los había unido. Sofía se sintió herida en su orgullo pero al mismo tiempo aliviada, en cuanto que advertía que un matrimonio con aquel hombre estrambótico habría sido fuente de infelicidad. Cuando Luis II murió, su hermana Isabel dijo que se le había aparecido en sueños anunciándole una muerte violenta para ella y otra trágica para su hermana Sofía. Y no le faltaba razón
Finalmente se casó con Fernando Felipe María de Orleans, duque de Alençon (1844-1910), con el que tubo dos hijos.A los 40 años, Sofía se enamoró perdidamente del doctor Glaser, que estaba también casado. Cuando sus respectivos cónyuges de enteraro, los dos se marcharon juntos a Merano, pero fueron descubiertos en seguida y separados para siempre.
Del 3 al 6 de mayo de 1897 tuvo lugar en París una feria de beneficencia organizada por las Dominicas, eligiendo la duquesa un edificio industrial que se adaptaba bien a las necesidades de la obra. Fueron invitados los hermanos Lumière, cuyo material para la película era altamente inflamable. De hecho, por problemas técnicos, surgieron las llamas que rápidamente lo cubrieron todo. Mientras todo el mundo intentaba escapar presos del pánico, Sofía permaneció en el lugar intentando salvar a unos muchachos que estaban junto a ella. Cuando los hubo puesto a salvo, intentó salir a la calle, pero las llamas fueron más veloces que ella y pereció abrasada. Según algunos historiadores, Sofía dijo: Mi rango me ha hecho entrar la primera y precisamente por él, saldré la última. Con un número tan significante de muertos carbonizados fue dicícil reconocer el cadáver de Sofía Carlota, siendo identificada únicamente por su dentadura. El funeral fue celebrado rápidamente y sus restos se llevaron a la Capilla Real de Dreux, donde fue enterrada. Su marido, el duque de Alençon, sobreviviría trece años a su mujer, muriendo en 1910 en Inglaterra, cerca de Wimbledon.
Fuentes:
- Wikipedia
- Retratos de la Historia








Que horror, madame, que tragico destino! Por tratar de ocultar un cigarrillo con aquellos complicados vestidos fijese usted lo que podia pasar. Parecia que toda la familia estuviera maldita. La desgracia se cebaba con ella.
ResponderEliminarFeliz tarde, madame
Bisous
Gema, que muertes tan dolorosas, lo que debieron de sufrir las pobres que triste.
ResponderEliminarBesos, hasta pronto.
Que terrible muerte , y todo por ocultar un cigarro .
ResponderEliminarMuy interesante esta entrada , por lo desconocido de estas historias .
Besos desde Málaga.
q finales tan trágico!!! en especial el de Mathilde de Austria... q dolor habrá tenido q sufrir... todo por su adicción al tabaco.
ResponderEliminar¡Qué horror! Con el pánico que tengo yo al fuego y a los petardos...
ResponderEliminarSi es que, como dice madame Minuet, parece que esa familia estaba maldita. Tantas desgracias juntas no son normales, desde luego.
Un besito
Pobres mujeres, que muertes tan horribles. No sabía esos episodios. De todos modos pareció mas loable el de Sofía.
ResponderEliminartenias razon muuy interesante el post aubque algo macabro, salu2 Lestat
ResponderEliminarhabia escuchado esta historia a medias y no sabia exactamente que archiduquesa habia sido la que murio de tal manera..pero esta historia me despeja de dudas..pero que cosas tan horribles se entera uno sobre las cosas que le echaban a sus vestidos sin medir las consecuencias...
ResponderEliminar¡Qué muertes tan terribles! El fuego causa pavor. Saludos cordiales.
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